Cómo se pinaban los “mayos” en Vegamián
Jesús García Fernández

Cuando en los pueblos se tenía conocimiento de que un hijo del mismo iba a cantar su primera Misa, lo primero era buscar el chopo más alto y derecho que había en la vega comprándoselo al propietario con dinero del pueblo, acto seguido se cortaba con hacha y tronzador (de aquella no había motosierras) una vez en el suelo se podaban las ramas lo más al rape posible al tronco, luego se cortaba por donde se suponía que iba a ser empalmado pues los mayos para ser más altos con frecuencia eran de dos piezas, la de arriba lógicamente más corta y delgada.
Lo siguiente era llevarlo al pueblo cargado en el carro tirado por vacas o bueyes, para subirlo al carro, muchos hombres con palancas largas y fuertes que se metían debajo del chopo por la punta y lo levantaban a la altura del carro, una persona estaba delante de la pareja la empujaba hacia atrás “celar”y el carro se metía debajo del madero, las palancas se ponían más atrás se levantaba el chopo y rápidamente el carro volvía a celar hasta llegar al mismo, tan pronto se podía varios hombres se subían al carro y ayudaban a levantar el chopo al unísono que levantaban los de abajo y vuelta a celar y así golpe a golpe hasta subirlo totalmente al tantas veces citado carro.
Una vez cargado se amarraba fuertemente y al pueblo a descargarlo en el lugar donde iba a ser pinado, a continuación con hachas se mondaba el chopo totalmente dejándolo liso y sin nudos ni cortezas que lo afearan, dejándolo unos días para se secara un poco y así pesara menos al pinarlo, mientras, se preparaban en chaflán lo más delgado de uno y lo más grueso del otro, de tal forma que ambas partes fueran del mismo grosor, para su unión (empalme) el herrero preparaba dos fuertes aros planos (abrazaderas) y justo a la medida, con ellos y alguna punta las dos partes del mayo quedaban fuertemente unidas.
La costumbre era especialmente de Lodares pues a mí juicio eran los dos pueblos más hermanados, uno cerca de la iglesia o sea justo en la esquina pinar dos mayos, en ésta tarea participaba todo el pueblo incluso voluntarios de otros pueblos (al igual que en lo incendios) del huerto de la misma y el otro lo más cerca de la casa del “misacantano”, así lo nombraba repetidas veces D. Eulogio (no conocí otro cura que no fuera él) en la primera Misa del recién ordenado sacerdote o religioso, sin embargo en el caso de Manuel Carbajo (prematuramente fallecido) los mayos se pinaron uno en la pradera de S. Antonio pues allí se celebró su primera Misa, al aire libre, pues en la ermita al ser pequeña no entrábamos todos, el otro como en los demás casos, delante de su casa.
Se hacía un hoyo donde iba a ser “plantado”, se preparaba un trípode con tres maderos largos y fuertes unidos en la punta con una fuerte cadena, (de las de trechar) allí se colgaba la diferencial, el gancho de la misma se enganchaba a otra que rodeaba el mayo con dos vueltas para mayor seguridad, varios hombres se agarraban a las patas del trípode para hacer contrapeso haciéndolo así más seguro, de todos modos la diferencial no lo levantaba del todo, sólo lo que daba de si la altura del trípode, el mayo que se pinaba al lado de la iglesia era el que mejor se levantaba puesto que se tiraba con sogas desde la torre o caja de escalera (de caracol) del campanario, incluso desde la cerezala que había en el huerto anejo a la iglesia.
También se unían por la punta dos troncos de tal forma que arriba quedase un hueco en forma de uve donde se apoyaba el mayo a medida que la diferencial lo iba levantando, éstos postes llamados tijeras eran de diferentes alturas y manejados por muchos brazos de cada lado, la tijera más corta era la que se metía debajo del mayo la primera, después a medida que se iba levantando el mayo, otra más alta iba detrás y después otra más alta la cual necesitaba más brazos para poder manejarla.
Al mismo tiempo y desde el comienzo se ataban al mayo cuatro o más sogas (las de atar el carro de la hierba) tirando desde la mayor altura posible para ayudar a pinarlo, si una no alcanzaba se unian dos, al principio las sogas tiraban hacia atrás, cuando el mayo estaba casi pinado dos o más de ellas se ponian del otro lado desde diferentes sitios para mantenerlo a plomo, rápidamente se rellenaba el hoyo con tierra y piedras poniendo cuatro estacas una de cada lado fijadas en el suelo y clavadas en el mayo.
En la punta del tantas veces citado mayo antes de pinarlo se ponía un ramo si era posible de pino por ser más vistoso al cual se le ponían cintas de colores, al mismo tiempo y un poco más abajo era costumbre atar al tronco una botella de coñac, así el atrevido y habilidoso joven sin más armas que sus manos y pies descalzos trepaba por el madero completamente liso sin otro premio que la honrilla y la citada botella, eso si tenía suerte y la conseguía.
Los mayos eran un obsequio del pueblo al “misacantano” el cual una vez terminado el evento ya podía disponer de ellos, vaya aquí mi reconocimiento y aplauso para aquellos que perseveraron en su sacerdocio
haciéndonos sentir que nuestro esforzadísimo trabajo para pinar los tantas veces citados mayos no fueron en balde. Los que cantaban su 1ª Misa eran llevados en una silla engalanada, a hombros de cuatro mozos no necesariamente familiares, desde su casa a la iglesia y viceversa, acompañados con ¡vivas! y cánticos por el pueblo o sea todo un ¡¡ acontecimiento !!.

JESUS GARCIA

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