Como transcurrían los días y los meses en Vegamián
Por JESÚS GARCÍA FERNÁNDEZ

Hice esto a petición de mi primo Tomás (México) y va dirigido a todo aquel que le gusten estos temas y muy ESPECIALMENTE a los que salieron de allí siendo niños y a las personas que tienen allí sus raíces, su padre, su madre o sus abuelos (los mayores saben esto mejor que yo). Hay determinadas palabras que las escribo tal y como en aquella época las decíamos, allí no decíamos prado, si no “prao”, para, si no “pa”, tejado, si no “tejao” y así un sin fin de palabras, yo siempre me negué a perder mis raíces y sigo expresándome como cuando allí estábamos, hay quien me dice que yo entré en León pero León no entró en mi.
Lo primero, señalar algunas costumbres que servían para todo el año, tales como cuando las campanas tocaban a fuego, toda persona (salvo niños y ancianos) fuera de día o de noche se echaban a la calle armados de calderos formaban cadenas humanas pasándose el caldero lleno de unos a otros hasta la casa que ardía, desde las fuentes y las presas de riego más cercanas, una persona subía a echar el agua al puerto para que las presas estuvieran llenas, incluso venían a ayudar gente de los pueblos cercanos, después era costumbre pedir “pa” casa quemada (de aquella dinero poco).
Otra costumbre eran los “acarretos” (transportar) para cuando un vecino hacía una casa colaboraban la familia, vecinos voluntarios y personas más afines, se sacaba la piedra o bien del río o de las peñas arrancando ayuda mutua hoy por ti mañana por mi.
Otra costumbre era lo que llamaban el “palo de los pobres”, ésta consistía en dar de comer y dormir (en la
tenada o pajar) al mendigo que llegaba al pueblo cada vez en una casa por riguroso turno, para que el pobre supiera donde tenía que comer se colgaba un palo en la puerta de la casa, de ahí el apelativo del palo de los pobres, era ésta una buena y cristiana costumbre que con el tiempo se fue perdiendo. Era Vegamián un pueblo muy religioso (salvo alguna pequeña excepción) sumamente laborioso pues tenía que alternar la labranza con la ganadería y la verdad en aquellos tiempos la vida era especialmente dura, las mujeres tenían que lavar la ropa en la presa o en el río, lavadoras ni se conocían, al pueblo no llegó la tele, ni el teléfono.
También había dos bandos a unos les llamaban los “madreñeros” (muchos vecinos que formaban este grupo no vendían madreñas), y a los otros les llamaban los “tarugos o tarucos”, a la salida de Misa se ponían a charlar en la plaza de los Negrillos en dos grupos separados, también los mozos estaban divididos en dos bandos pero como se dice la sangre no llegaba el río, las peleas consistían en tirarse piedras a cierta distancia un grupo del otro, en mi época todos los mozos nos poníamos juntos delante de la casa Augusto a charlar un rato, los mayores todos juntos en torno al Negrillo contándose sus cosas, las mujeres lo hacían en el pórtico de la Iglesia, aquellas rivalidades afortunadamente ya habían pasado.

JESUS GARCIA

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