ENERO,
Por lo general grandes nevadas a la vez que fuertes heladas, de chavales e incluso mayores en cualquier sitio hacíamos un “resbalero” la charca de las Llamargas, la acera de los “chispas”, la huerta de mi tío Ezequiel pues al no tener el agua salida se formaban unos hielos enormes en la parte baja, incluso en las propias veredas de las calles, cuantas veces llegábamos tarde a la escuela por estar resbalando un poco más, otros juegos que teníamos, (estos para más adelante y siempre que la climatología lo permitía) eran la peonza, los cartones, estos se hacían de una baraja vieja, la tarusa, el aro, este ya venía hecho lo sacábamos de los calderos de lata cuando ya no servían.
Las “SOPAS” llamado este juego así porque al saltar decía el que saltaba ¡sopas! el citado juego
consistía en hacer una raya en el suelo, al lado se ponía uno agachado los demás saltábamos sobre él sin tocarle (solamente las manos en su espalda) el que perdía a ponerse debajo, a continuación el que se ponía agachado separa un paso más de la raya y después otro más y así hasta donde podíamos llegar, había una jerarquía en este juego, el que primero que se le ocurría jugar a él decía, yo “prime” uno tras otro y así el último en reaccionar se ponía debajo. Lógicamente la primacía de saltar el 1º se perdía al haber otro que lo hacía mejor y que automáticamente saltaba el 1º, los más ágiles podían saltar sobre el agachado un metro desde la raya sobre él y sin tocarle más que con las manos, la ciencia de este juego estaba en dar el menor número de saltos dependiendo de la distancia entre la raya y el agachado, el que menos saltos daba era el que saltaba 1º, el más torpe siempre debajo, yo recuerdo ver a las chicas jugar a la comba y las más torpes siempre dando a la cuerda, recuerdo que un chaval, Lorenzo, (hoy fallecido) nunca participaba en aquellos juegos que requerían un determinado esfuerzo, nunca supe el porqué.
El “CHORROMORRO”, este juego era de los más divertidos, tanto, que al cura le gustaba y tardaba un poco en decir el rosario, el calvario (esto último durante la Cuaresma) o la Santa Misa por vernos jugar, esto cuando lo hacíamos en un banco que había en el pórtico de la iglesia, era así, había dos equipos de tres o cuatro niños uno se sentaba en el banco otro agachado ponía la cabeza entre las piernas del que estaba sentado, otro metía la cabeza entre las piernas del que ya estaba agachado y ¿que pasaba si a uno se le ocurría tirarse un pedo y “perfumarle” la cabeza al confiado chaval? pues que armaba la marimorena, así hasta terminar la fila, el otro equipo saltaba sobre los que estaban agachados y sin tocar con los pies en el suelo, uno de los de arriba se tocaba cualquier parte del cuerpo y decía así “chorromorro picatorro cucurrina que será si el que estaba debajo acertaba se cambiaban y se ponían encima, y así sucesivamente.
También hacíamos “CHIFLAS” de un palo joven de salguera verde que tenía un curioso ritual, golpeándolo con el mango de la cisoria (navaja) decíamos así: “suda, suda cabra cornuda si no sudas hoy sudarás mañana si no tiempo tendrás en toda la semana”. “El TIRADOR” o tirachinas el cual servia para tirar piedras pequeñas, todos estos artilugios los hacíamos nosotros con nuestra inseparable navaja, ni chavales ni mayores concebíamos la vida sin la cisoria en el bolso. Los “ZANCOS” se hacían con dos troncos de nuestra altura los cuales llevaban una rama saliente para poner los pies con ellos mostrábamos nuestras habilidades equilibristas. Jugábamos al escondite por todo el pueblo, a veces tanto nos escondíamos que cuando nos cansábamos de esperar nos aburríamos y nos dábamos a ver. “El TRUCO” (este juego no era solo de chavales también lo jugaban las chicas), el tres en raya y alguno más que no recuerdo, éstos juegos (salvo resbalar) se practicaban todo el año menos en verano, pues había otras cabras que ordeñar, así decíamos cuando había otras cosas que hacer, puesto que había que ayudar en el campo a nuestros mayores, tal como ir con las vacas o lo que se podía, un dicho decía que la labor del niño es poco pero el que la desprecia es un loco.
En la escuela al no haber más que un pequeña estufa era insuficiente para calentar una sala tan grande, cada chico (las chicas igual) nos llevábamos un brasero de casa una simple lata grande de sardinas o cazuela vieja, con un asa larga de alambre para no quemarse, de aquella los maestros eran muy rigurosos si había que sacudirte con la regla o el compás (por lo general en las manos) si retirabas la mano te daban donde fuera puesto que tenían el beneplácito de nuestros padres para castigarnos si lo hacías mal, a los más pequeños nos ponía en la última mesa-banco como no nos hacía ni caso cuando nos cansábamos nos largábamos, al día siguiente más de lo mismo.
Un dicho, San Antón (San Antonio Abad) por enero pone corbata, como no bebe vino no se le mancha, como es el patrón de los animales las mujeres le llevaban a modo de ofrenda orejas y patas o manos del cerdo ya curadas, ¡coño nunca le llevaban un lomo u otra parte de la gocha!, el Sr cura las vendía para las necesidades de la iglesia, de ahí que le llamábamos San Antón el “gochero”.
JESUS GARCIA
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