La leyenda de Isoba

La leyenda de Isoba

De paseo por... la leyenda del lago Isoba, con parada en La Mina

De paseo por… la leyenda del lago Isoba, con parada en La Mina

En esta ocasión nos desplazamos hasta la montaña leonesa, río Porma arriba, para visitar el lago de Isoba (junto al Puerto de San Isidro), conocer su leyenda y, tras ello, degustar un rico menú de matanza en el Restaurante La Mina, al pie de la carretera.

Lago Isoba, una entre tantas leyendas

Lago Isoba - León1Por la ruta del Porma arriba, por Boñar, embalse de Vegamián, Puebla de Lillo con su ermita de las Nieves y la torre cilíndrica como restos del castillo de los Enríquez, de los Trastámara, que sirvió de concejo; castillo del siglo XIV que guardaba el paso al puerto de San Isidro, dejamos a la izquierda la soberbia montaña del Susarón, que dio nombre a la novela costumbrista de José María Goy, se sube entre praderías de esmeralda donde los caballos y vacadas motean el paisaje, y vamos buscando las alturas del olimpo leonés.

Allá, a la derecha, la mancha blanquecina de la mina de talco que, elaborado en Boñar, cura las escoceduras de toda España; y de pronto nos damos la mano con el lago natural de Isoba.

Coches y familias en verano, desparramados por el ambiente de égloga de sus orillas, un rebaño en la lejanía y más caballos ramoneando en la campiña soleada. Así nos recibe a mil cuatrocientos metros de altitud; un lago circular, un glaciar entre el verdor de la pradería y las crestas de las sierras. De vez en cuando asoman en sus aguas las cabecitas de las pollas de agua, los lavancos desconfiados de la puntería de los cazadores, y las truchas, porque tienen comida, croan las ranas y crecen las juncias.

¡Húndase Isoba, menos la casa del cura y la pecadora!

Lago Isoba - León4El lago tiene su leyenda, como todos los lagos leoneses, que nos cuenta el pastor con aquella cantinela de ¡húndase Isoba, menos la casa del cura y la pecadora! Y no extraña porque la profundidad de cinco metros da pie para leyendas y tradiciones.

Era allá por el siglo X de nuestra era. Los musulmanes devastaban con sus razzias las llanuras de la meseta convertida en “tierra de nadie”. La aparición en escena de Almanzor sembró por todas partes el  “terror sarraceno” (Carrión de los Condes, León, Astorga, Santiago) así que los peregrinos, por seguridad, hacían su camino hacia Compostela por la montaña (vertiente sur de la Cordillera Cantábrica), aprovechando los pasos más transitables, en algunos casos ya marcados por las calzadas romanas. La siguiente leyenda da fe del peregrinaje por el Viejo Camino de Santiago.

Lago Isoba - León3En cierta ocasión un grupo de peregrinos que iba a Santiago, siguiendo el valle del Porma, llegó al pueblo de Isoba. Estaban cansados y hambrientos. Pican a la puerta de la primera casa:

– Una limosna, por amor de Dios. Somos peregrinos que vamos hacia Compostela y venimos hambrientos y agotados.

Desde el interior de la casa una voz les respondió:

-Dios les ampare. 

Siguieron picando casa por casa y en todas la misma respuesta: “Dios les ampare”. Estaban ya a la salida del pueblo y tan sólo quedaban dos casas. Picaron en la primera. Salió a recibirlos el señor cura que, solícito, les dio algo de comer, pero les explicó que su casa era muy pequeña y no podía dar albergue a todos. Le dieron las gracias y se fueron a buscar fortuna en la última casa. Nada más picar apareció en la puerta una  mujer de cierta edad que los vecinos llamaban “la pecadora” (en alguna de las versiones “maledicentes” se cuenta que era la madre soltera del señor cura). Escuchó muy  atenta  las palabras de los peregrinos.

– Sí que puedo hospedaros, pero soy muy pobre y no tengo para daros de cenar- les respondió.
– ¿Entonces de qué se alimenta, buena señora?- preguntó Jesús,  uno de los peregrinos.
– Con la leche que me da una vaquina que tengo en la cuadra.
– Tenemos mucha hambre. Podíamos matar la vaca y usted nos la prepara. No se preocupe: Dios proveerá. Yo le prometo que recibirá el ciento por uno- le aseguró el peregrino.

La mujer, convencida de que aquel misterioso peregrino cumpliría sin ninguna duda  su palabra, accedió a la petición. Llegada la hora de la cena se pusieron a la mesa y le dijeron a la “pecadora”:

-Vaya usted recogiendo todos los huesos de su vaca en una canasta grande; mañana, antes de marchar, le diremos lo que tiene que hacer con ellos.

La hospedera cumplió sus órdenes. Acabada la cena, los extraños peregrinos se fueron a descansar repartidos por el pajar y la tenada.

Al día siguiente, al rayar el alba, los huéspedes se levantaron y  recogieron sus escasas pertenencias dispuestos a reemprender el camino. La mujer, mosqueada ante el silencio de Jesús y sus compañeros, les preguntó:

– ¿Y qué he de hacer con los huesos de mi vaca que me mandaron guardar anoche?

– Arrójelos por el corral antes de que partamos. 

Lago Isoba - León2Así lo hizo la mujer . Una vez esparcidos, Jesús levantó sus ojos al cielo y los bendijo. Al instante de cada uno de los  huesos surgió una hermosa vaca, quedando aquel corral convertido en una espléndida majada del mejor ganado. La mujer, llena de gozo, dio gracias a Dios y salió corriendo a decirles  a sus vecinos todo cuanto había ocurrido en su casa. Los vecinos en vez de alegrarse, recomidos de envidia, comenzaron a insultarla, e incluso pretendieron arrebatarle alguna de sus vacas. Ella, viéndose en tal aprieto, salió en busca de los peregrinos y los halló sentados en un altozano no muy lejos del pueblo. Envuelta en lágrimas les contó lo sucedido. Entonces uno de los peregrinos se levantó, se puso de cara al pueblo, extendió su mano derecha y, presa de la indignación, gritó en tono solemne:
¡Húndase Isoba, menos la casa del cura y la de la pecadora!

Inmediatamente, y en un abrir y cerrar de ojos, un gigantesco torrente descendió de las montañas hasta anegar el pueblo. Sólo la casa del cura y la de la pecadora se salvaron de aquel diluvio particular. Así nació el bello lago de Isoba. Dicen que en ciertas noches de luna llena desde el pueblo de Cuénabres se oyen los bramidos del lago tal como si fueran los fragores de las olas del mar en medio de una tormenta.

Parada en el Hotel-Restaurante La Mina

La Mina - Puebla de LilloAl pie de la carretera, subiendo hacia el Puerto de San Isidro, y a escasos kilómetros de pasar Puebla de Lillo, nos encontramos con el Restaurante La Mina, uno de los lugares de más fama de la comarca.

IMG_9689Nos dirigimos a este rincón para degustar su ‘menú de matanza’, que durante los meses de invierno tienen preparado en sus cocinas.

Con una decoración antigua, con solera, basada en piedra, madera y pizarra, nos adentramos en un restaurante con mucho gusto y tradición, tras lo que comenzaron a llegar los primeros platos.

En suma, el menú de matanza se compuso de un primer plato de picadillo con morcilla, segundo plato de patatas con costilla, tercer plato de lomo con secreto y pluma de cerdo y cuarto plato de manitas de cerdo con setas. Todo un festival para nuestros estómagos.

1er plato: morcilla y picadillo

1er plato: morcilla y picadillo

2º plato: patatas con costilla

2º plato: patatas con costilla

2º plato: patatas con costilla

2º plato: patatas con costilla

3er plato: lomo, secreto y pluma

3er plato: lomo, secreto y pluma

4º plato: manitas y morro de cerdo con setas

4º plato: manitas y morro de cerdo con setas

El menú finalizó con unos suculentos postres de tarta de queso, arroz con leche, leche frita y flan casero. Qué espectáculo.

Postre: tarta de queso

Postre: tarta de queso

Postre: leche frita

Postre: leche frita

Postre: arroz con leche

Postre: arroz con leche

Postre: flan de huevo casero

Postre: flan de huevo casero

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Por |7 diciembre, 2016 18:46|VARIOS|0 comentarios

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