Hola a todos; ya va siendo hora de que aparezca por aquí, y como ya hacia mucho tiempo comencé a leer por donde lo dejé y me encuentro con la “loa al mandil” es un gran acierto esta nota, gracias Marisol por recordarnos una prenda tan nuestra (aunque según lenguas mal intencionadas lo critiquen) gracias por tu curiosidad al documentarte para deleitarnos con el recuerdo al mandil, por que la investigación no es otra cosa que buscar documentación.
No hay recuerdo de nuestras abuelas que no vaya ligado al mandil, ¡cuantas veces nos habrán limpiado las lagrimas y mocos con él! Era el mejor desinfectante para las rodillas maltrechas y el escondite más eficaz para huir de la vecina plasta que te pellizcaba los mofletes para decirte lo guapa que estabas.
Anécdotas mas cercanas del mandil tengo una que protagonizó mi hermana; nos hizo mi madre unos mandiles muy bonitos con flores superpuestas y de bolsillo como un cesto del que salían las flores, pues mi hermana no tuvo mas ocurrencia que para estrenarlo y lucirlo bien lo puso para ir al rosario el domingo, no veas que ancha caminaba por la calle ¡vaya que si lo lucio!
Saludos
Mamen

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