Querida Mari-Sol, queridos todos los lectores de este sitio; como falté durante mucho tiempo del mundillo de Internet estoy poniéndome al día.
Encontré la intervención de la salida de Mari-Sol y Dios mío como me haces llorar con tus relatos, que triste es la despedida. Años más tarde también yo pasé por ese trance doloroso, viví ese éxodo de desarraigo del lugar que me vio nacer.
Cuando tu comenzabas tu peregrinar lejos de tus raíces yo daba comienzo a mi vida de casada, con la sombra amenazante del pantano sobre nosotros, y sin saber que rumbo tomar, cuantas noches sin dormir, cuantos planes a los que no se le veía la salida.
También yo fui la primera en salir de mi pueblo, yo lo tenía claro, no quería ver como se cerraban las casas y el pueblo quedaba triste y solitario.
Después de mucho pensarlo nos decidimos por este pueblo de Palencia, por varios motivos, nos reuniríamos aquí todos, mis padres y mis hermanos, además de una gran cantidad de familias del pueblo, seguiríamos con la actividad que ya conocíamos y lo principal, no nos alejaríamos mucho de Burón. Teníamos previsto salir después de bautizar a nuestro tercer hijo, queríamos que seria bautizado donde nos bautizaron a nosotros y así lo hicimos, el viernes 19 de Marzo día de San José fue el día señalado para marcharnos pero no pudo ser, de la noche a la mañana nos calló una nevada de casi un metro; la climatología estaba aliada con nuestros ánimos y nos retuvo como interiormente deseábamos, fue doloroso ver ese paisaje blanco, quizás seria nuestra ultima nevada, y así fue, nunca mas vi tanta nieve, ese manto blanco también nos quería decir “adiós” a su manera.
Con la ayuda de los vecinos para quitar la nieve y poder entrar el camión a recoger los enseres, nos marchamos el martes 30 de Marzo, de 1971; partió nuestra triste caravana, Pepe en el camión y yo con mis tres niños y las maletas en un microbús, ni en esos momentos en que veía quedar toda mi vida atrás tuve quien me tomara de la mano para infundirme ánimos, tuvimos que pasar nuestra pena separados, la pena de Pepe quizás fue mas intensa, murió sin superar esa lejanía. Dice el refrán que en “martes ni te cases ni te embarques”, pues yo me embarqué en una nueva vida, un nuevo lugar, unos nuevos vecinos. No es que esté mal aquí pero las raíces tiran y duele mucho esa lejanía de la tierruca que te vio nacer.
Esta Semana Santa y después de cuarenta años la pasé en mi pueblo, rememorando esas canciones que toda la vida se cantaron, llore un montón pero a la vez me sentí feliz, los que tenemos la sensibilidad a flor de piel estas cosas nos afectan mucho.
Bueno, ya tenéis mi aportación a este tema de las despedidas, ¿Cómo lo viviste tú? Seguro que casi todos los que leéis esto pasasteis por algo parecido, cuéntanoslo, las penas compartidas son menos pena. Saludos

MAMEN

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