Interesante el relato de MarySol sobre el manto, charpe o como quiera que le llamaríais, aquí pongo yo también algo para lograr entre todos unos relatos amenos sobre los recuerdos y costumbres de nuestros antepasados.
Los primitivos mantos eran simplemente rectangulares y se colocaban «sobre la cabeza por la parte media del orillo en su lado más largo, para tomar con las manos y entre sus brazos los extremos del manto y cruzarlos sobre el pecho (se ataba atrás cuando se estaba haciendo labores del campo para sentirse abrigadas y que las cerras no arrastren por el suelo).
Los mantos se diferenciaban por las materias textiles de lo que se hacían, por la gordura de su tela de lana eran más propios del invierno y preferidos como abrigo, se les solía conocer como mantos merinos por ser la lana escogida de ese animal y se trabajaba peinada con un ligero pelo en una de sus caras, eran muy calentitos y era muy agradable el arrebujarse en el. En verano los tejidos eran más ligeros, como los de «pelo de cabra» que era más ligera y brillante, los de algodón u otra materia más liviana se usaban para esta época del año.
Había mantos de corte cuadrado y con cerras en todo su alrededor, podía usarse: bien doblado por su mitad en forma rectangular para abrigar más, o doblado por la diagonal, en triángulo, (de esta forma se podía ajustar ceñido al cuerpo y atado atrás).
La toquilla era de lana más fina y de fabrica, cuando esta se hacía en la casa solía confeccionarse generalmente a ganchillo, rematada con una gran cenefa alrededor y a partir de ésta las cerras o flecos (esta solía ser para los domingos).
El manto también fue una prenda obligada e impuesta a la mujer para asistir a las Iglesias, en los escritos que sobre el manto hizo Elsa Pérez se encuentran datos sobre la obligatoriedad de su uso en los Templos, tenían que cubrirse con el manto la cabeza bajando por los hombros, bajo pena de reprensión y castigada conforme al exceso y a las circunstancias, incluso multa y prisión si así lo consideran los Jueces.
Había un manto de seda o de un tejido de lana fino, negro y en alguna ocasión transparente que llevaban las mujeres en señal de luto, era por ello llamado “mantilla de luto”, y según las tasas, de 1680 la vara de esta tela valía a siete reales y medio, yo conservo la de mi abuela.
En la montaña de Valdeburón se le conoció por varios nombres; “charpe”, “manto”, “chal” o “toquilla” dependía de la finura en el lenguaje de las gentes, los dos primeros los más usados.
Hay infinidad de anécdotas sobre dicha prenda; nos contaba mi padre que cuando era un rapaz iban al rosario y como ya sabéis en las Iglesias de los pueblos se separaban hombres y mujeres, estas adelante y los otros atrás, pues bien, mi padre con su cuadrilla de angelitos se dedicaban a anudar las cerras de los mantos de la última fila de las mujeres, cuando la primera salía se llevaba en ristra todos los mantos y los rapaces “pies pa que os quiero” sino cobraban unos buenos mamporros. También contaba que en los oficios de las tinieblas de Viernes Santo al sonar las carracas y matracas ellos clavaban los mantos al piso con puntas, en fin unos angelitos ¿no?
Saludos amigos.
Mamen

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