LA COLADA
En aquellos tiempos como la economía familiar era escasa, se buscaban recursos para todo. Se hacia el jabón para lavar la ropa con los restos de la grasa de la matanza, o los del aceite (esta era muy bien dosificada para algunas cosas muy especiales, se guisaba con lo que se tenían en casa como por ejemplo el unto y el sebo) y sosa yo era muy pequeña cuando se lo veía hacer a mi madre no sé si le añadían algo mas, se hacia una pasta y la echaban en un cajón a modo de molde y después de unos días que se secara la cortaban en trozos más o menos manejable y se apilaban en una estantería de despensa y ya había jabón para una gran temporada, servía también para fregar los cacharros , para el aseo personal ya teníamos “ jabón de olor” así era como lo llamábamos al refinado que se compraba, ( mas tarde también se compraba el de lavar y se hacía menos el otro).
Se lavaba en el rio, afortunadamente lo teníamos cerca, también en charcas, presas y riachuelos, cada uno lo hacía donde más cerca lo tuviera, se decía que si vas a Vegamian lleva pan porque agua ya te darán, quiere decir que el agua era muy abundante y la había por todas partes.
Se empezaba la colada por cargar además de la ropa (en baldes de zinc) la “taja” una tabla labrada con rallas donde se frotaba la ropa sacándole la espuma que el jabón proporcionaba (no mucha por cierto) y también el “tajuelo “o cajón donde se arrodillaba con una protección por delante para que no se mojaran, algunas veces se ponía un cojín para que las rodillas no dolieran tanto. En algunos casos estas dos piezas estaban unidas entre sí. Las hacían normalmente los hombres de la casa tan avilés para todo, o se le encargaba al carpintero, en Vegamian siempre había 1 o 2 un oficio imprescindible que en casi todos los pueblos había.
Esta faena exclusiva de la mujer, no se la daba importancia pero era de las más duras y además se repetía cada lunes de cada semana, y así todo el año. En invierno se tenía que romper el hielo en las presas y charcas, y en el rio no se llegaba a helar pero si en las orillas, excuso decir como dolían las manos del frio que traía consecuencias dolorosas como sabañones y reuma.
El lavado de ropa tenía sus pasos a seguir, el primero se echaba a remojo, se ponía toda en el balde con agua y jabón, se dejaba un rato para que ablandara, algunas veces se traía ya de casa con agua caliente, El segundo se frotaba con las manos y sobre la “taja”, se aclaraba y se le daba otro jabón. El tercero se tendía el verde, o sea en la pradera, se dejaba unas horas para que los rayos del sol la blanquearan, se regaba con agua de vez en cuando para que no estuviera seca, en invierno se tendía sobre la nieve que al instante se ponía dura como un cartón. Pasando este tiempo se recogía y se aclaraba hasta quitarle todos los restos del jabón, al lado se preparaba un cubo con agua y añil, esto era unos polvos o pastillas azul intenso que se metía en una muñequilla de tela para que se disolviera y no quedara restos que pudieran manchar la ropa, allí se metían las prendas blanca quedando un blanco azulado que daba la sensación de mas limpieza y luminosidad a la ropa, a continuación se tendía en la cuerda al sol y al aire para secarla y así se terminaba la faena de la colada, como digo poco reconocida que se unía a otras muchas que hacían la mujeres de nuestros pueblos de la montaña.
MARISOL
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