Los nietos
—Te lo aseguro, Pascual.
Ya no hay más que resignarse.
El que pudiendo casarse
no se casa, hace muy mal.
¡Ya ves tú qué situación
la tuya! ¡Qué desengaños• Llegar á los sesenta años
achacoso y solterón’.
¡ Sentado en esa poltrona
un hombre de tu fortuna,
sin más cariño que el de una
ama de llaves gruñona!
¡Y cuando enfermes de veras,
aquí á cuidarte vendrán
tus sobrinos, que estarán
deseando que te mueras!
¿Qué así estás muy bien? ¡Corriente!
¡Es tu gusto, y se acabó!
Pero en este asunto, yo
opino distintamente.
Ese egoísmo es fatal.
Viva solito el que quiera.
Yo, sin familia, me hubiera
muerto hace tiempo, Pascual.
Miro mis goces completos
cuando en mi casa sentado,
me contemplo rodeado
de mis hijos y mis nietos.
¡Orgullo de mi vejez!
,Diez nietos! ¡Un batallón!
Tú no los conoces. Son
encantadores los diez.
Rubios como querubines
sanos, con unas mejillas…
¡Y con unas pantorrillas
que tienen los chiquitines!
¡Y qué ganas de comer!
¿Estar ellos malos? ¡Quiá!
Tan hermosos los habrá,
pero más, no puede ser.
Sólo hay uno de ellos, Pepe?
que el pobrecito está cojo
y es chato y bizco de un ojo,-
pero sabe más que Lepe.
Cuando con su pata coja
viene y me mima, el maldito.,
consigue de su abuelito
todo lo que se le antoja.
Por supuesto, la verdad,
todos, aunque están mimados,,
son chicos muy aplicados,
¡saben una atrocidad!
¡ Muchísimo más que yo!
La más pequeña, María,
sabe más geografía
que el mismo que la inventó.
¡Pues si es una profesora!
¡Me pone en unos aprietos!…
¡Son el demonio estos nietos tan
ilustrados de ahora!
¿Querrás tú creer que ayer
la chica me preguntó
dónde estaba el Congo, y yo
no he sabido responder?
i Cómo se rió la indina !
«¡Si está en el Africa!» «¿Sí?»
«Pues, mira, le respondí,
yo creí que estaba en China.»
Así que para evitar
planchas como éstas, les digo:
«Si queréis estar conmigo,
]nada de ciencia! ¡A jugar!
Dejadme á mí de esas pláticas
que no son de cuenta mía.
Basta de geografía
y basta de matemáticas.
Lo que he estudiado olvidé,
y aunque sé que sé poquito,
á mi edad no necesito
saber más de lo que sé.
Con que, ¡ á jugar al instante!»
Y .en cuanto doy esta voz,
empieza un jaleo atroz,
que no hay alfombra que aguante.
Y uno se sube á un sofá,
y otro salta sobre mí,
y ¡abuelito! por aquí,
y ¡abuelito! por allá…
¡ Qué correr por los pasillos!
—¿Y tú también?
—¡No que no!
¡ Mis hijos dicen que yo
soy peor que los chiquillos!
Y lo seré, no lo niego;
Y no sé si hago bien ó mal,
pero te juro Pascual,
que á mí me encanta ese juego.
Ríete; llámame niño;
búrlate de mis chocheces…
Tú, egoistón, no mereces
esta clase de cariño.
Tú no puedes comprender
el amor. ¿Qué entiendes de eso?’
¿Sabes tú lo que es un beso
de un nieto? ¡ Qué has de saber’
Es la dicha apetecida;
es la esencia del amor;
es la caricia mejor;
es algo que da la vida.
Es… lo que nunca has sentido.
¡Es ver en el mundo un cielo!
Yo á Dios con ferviente anhelo,,
sólo una cosa le pido: ¡ Que para morir en calma,
cuando me llame á su lado
me encuentre yo rodeado
de mis nietos de mi alma.
V.A.
V. Peláez. De mis años de escuela
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