hay tanta nieve fuera y sin embargo
no me distraen los perros de aquel sueño
todo de ópalo y nubes diamantinas,
no me distrae la última manzana
que se niega a caer, ni los ramajes
llenos de cuervos del nogal, ni el aire
cuajado de humo, ni las alambradas,
ni la gallina muerta en el sendero
esta noche pasada, ni los cerdos,
ni sus entrañas rojas goteando
sobre la nieve, sangre tan violenta,
pero me llega otro recuerdo, tengo
Lln recuerdo de sangre más valioso,
y qué dulce y qué triste recordarlo
aroma de las hojas que no ardían,
la Venus mutilada del jardín,
los sátiros de piedra en la escalera,
los perros del guardián y luna fría
besando los parterres y las torres,
en aquel pabel1ón viví otra vida,
si llegabas de noche entre los pinos
brillaban a lo lejos los faroles,
sus galerías de cristal azul,
dentro los candelabros y la música
del piano perfumado de mimosas,
el cuadro aquel de la laguna Estigia
(el Patinir de los verde-manzana)
las muchachas más jóvenes bebían
las notas de Chopin y se olvidaban
del champagne espumoso de las copas,
las coronas de rosas se pudrían
sobre sus frentes de marfil y fiebre,
ellos tenían libros en las manos
que nunca terminaban de leer,
les inquietaban las estrellas húmedas
y el grito de los cisnes en el lago
les anunciaba el paso de la muerte,
la enfermedad y el Arte y el deseo
y el no poder besar aquellos labios
sin pensar en las flores de la sangre,
sospecha de las barcas en la orilla,
chapoteo en los juncos de los remos,
cada noche llegaba la visita
de la Muerte con rostros diferentes,
se enlutecía el son de la viola,
en el aire quedaba la amenaza
y un murmullo de ramas en lo oscuro,
pavos reales de luz de madrugada,
ruido de campanillas en el claustro,
azucenas tronchadas en la senda,
rojo cojín para aquel joven rubio
que nunca echó las cartas que escribía,
ataúd blanco para una dama triste
hay tanta nieve fuera y sin embargo…
ven, pájaro enjaulado, veo un poco
de mí posado en tus dos ojos mínimos,
ven pájaro llegado con la lluvia,
déjame que me mire, casi dos
negrísimas cabezas de alfileres
son tus ojos y quiero verme en ellos,
hecho para la Muerte cantas menos
mientras me entregas tardes abrasadas,
quisiera apresurarme, tienes todo
lo que perdí en tus ojos, concentrado,
lucha el sueño y la muerte en esta estancia,
luchan quince estaciones en mis ojos,
mis últimos recuerdos, mis ensueños:
……………….
(pequeño fragmento de Sepulcro en Tarquinia, de Colinas).
PILI MARTINEZ
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