PARA REMEDIOS
Tras la ventana
de la cocina,
sentada junto a la
tricotadora,
los rayos del sol,
tu cuerpo acariciaban.
Tú, con tus delicadas
y frágiles manos a
much@s niñ@s
para Ramos,
chaquetas y jerséis
confeccionabas.
«El día de Ramos
el que no estrene nada
no tiene manos»
Alargabas la noche,
prolongabas el día y,
el domingo de Ramos,
en nuestros cuerpos
las prendas que tus
manos habían acariciado
se lucían.
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