Isidoro de la Fuente Bayòn
O T O Ñ A L.-
Ayer al pie de unos árboles
me senté yo con mi lira.
¡Oh, y qué triste es ver el sol,
cuando, el acaso camina,
cuando, envuelto en una nuebe
anaranjada y pajiza,
va ocultando lentamente
sus rayos à nuestra vista,
cuando, al hundirse en las ondas,
de su última despedida. . . .
pero aún es màs triste, màs,
ver cómo caen marchitas
las hojas una tras otra
a ser del viento movidads,
y triste dejan las ramas
del árbol, que les dió vida.
Y aún es más triste pensar,
que del árbol, que de mis días,
de mi prematuro otoño,
al impulso de las brisas
caerán las ilusiones,
que forjó mi fantasia,
como esos lánguidos rayos
que hacia el acaso caminina,
como esas hojas, que hoy veo
al suelo caer marchitas.
O T O Ñ A L
Isidoro de la Fuente Bayón
O T O Ñ A L.-
Ya llegó otoño; las hojas
de los árboles marchitas
caen al suelo del viento
á la menor sacudida;
¿ay? con él se irán de estio
las apacibles vigilias,
las blancas noches sernas,
en que á la vislumbre amiga
de los rayos de la luna
el viejo sus desengaños,
y el joven cuenta sus dichas;
noches que elevan el alma,
noches, que á soñar convidan.
Y se irán también con él
las amables golondrinas,
los cantos del segador,
las alboradas vestidas
de tantos lirios y rosas
de primavera en los dias,
y con él vendrán las noches
heladas y melancólicas,
que, la fantesía helando,
tan solo á domirconvidan…
¡Cruel otoño, cruel otoño,
permiteme te maldiga /.
que, la
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ARIAS TRISTES
Paisaje dulce;está el campo
todo cubierto de niebla;
ya se han ido lentamente
los rebaños de la aldea.
Es un paisaje sin voces,
triste paisaje que sueña
con sus álamos de humo
y sus brumosas riberas.
Voy por el camino antiguo
lleno de ramaje y yerba,
sin pisadas, con aroma
de cosas vagas y viejas.
paisaje velado y lángido
de bruma, nostalgia y pena:
cielo gris, árboles secos,
agua parada, voz muerta.
Sobre los álamos blancos
de la dormida ribera,
una luna rosa y triste
va subiendo entre la niebla.
JUAN RAMÓN JIMENEZ
CARMEN MARTINEZ
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Esparce Octubre, al blando movimiento del sur,
Las hojas áureas y las rojas,
Y en la caída clara de sus hojas
Se lleva al infinito el pensamiento.
¡Qué amena paz en este alejamiento de todo!
¡oh prado bello!, que deshojas tus flores,
Oh agua, fría ya,
Que mojas con tu cristal estremecido el viento!
¡Encantamiento de oro!
¡Cárcel pura, en que el cuerpo, hecho alma
Se entumece, echado en el verdor de una colina!
En una decadencia de hermosura,
La vida se desnuda y resplandece
La excelsitud de su verdad divina.
Juan R. Jiménez
CARMEN MARTINEZ